Retrato de un fundador

Un encuentro con Wilfried Philipp

Este hombre tiene fuerza vital. Y a su edad, en torno a principios de los 90 años, sigue cautivando a la gente. Sin pretenderlo, uno se hace más grande.

Rápidamente queda claro por qué esto es así. "Como sabe, soy grabador. Y entre ellos se dice: Para crear algo bello, se necesita vigor Y sensibilidad. Así es como los grabadores utilizan su herramienta. Y así lo he seguido haciendo con las personas. Buscando a los mejores. Guiándolos con firmeza y tratándolos bien."

En lugar de conjeturar sobre teorías de gestión, va directamente al grano. Relata los comienzos como aprendiz de grabador, la primera máquina, la creación de la empresa, y una y otra vez habla de: ideas. "¿Sabe usted lo que hice entonces?", pregunta cada vez que cambia el discurso. Y uno siente: este hombre sigue teniendo la capacidad de fascinarse tras más de 75 años. Por retos solucionados profesionalmente, nuevas técnicas, personas inteligentes y desarrolladores tenaces.

"¿Está usted satisfecho?" suele ser la pregunta habitual tras el recorrido semanal por la empresa. Él se siente satisfecho, si sus empleados también lo están. Y puede sentirse satisfecho, porque su gente está encantada. Contemplando el brillo en sus ojos, sobra preguntarse quién es el responsable de esta fascinación entre los trabajadores.

 

Todo comenzó hace 90 años en la sierra silesia Hrubý Jeseník, de la actual Chequia y la antigua tierra de los sudetes. Allí, en el valle 'Karlstal', el hijo de un sencillo trabajador forestal visitó una escuela técnica, se entusiasmó por la física y completó durante la guerra su formación como matricero y grabador.

Nada más finalizar la formación, con apenas 18 años y sin haber alcanzado la mayoría de edad de entonces, comenzó un triste capítulo, la expulsión. Pero en el oeste de Alemania, el grabador tampoco tuvo que esperar mucho para encontrar trabajo. En adelante, trabajó como grabador en una empresa bávara en Mindelheim, grabando anillos de sello, objetos devocionales y algún que otro rifle de soldados americanos.

Tras una etapa en Schwäbisch Gmünd, en una empresa damascena, llegó a Stuttgart, donde amplió su formación como grabador de acero autodidacta. Precisamente gracias a estas competencias, la empresa Fischer-Metteli de Suiza le contrató, trabajando en la disciplina reina del grabado, la producción de esferas para relojes de alta calidad.

 

Pero para crear su propia empresa, este suabio convertido regresó a Stuttgart. Con apenas 500 marcos, creó en 1956 en el este de Stuttgart su ”Fábrica de técnicas libres de grabado”, suministrando a las imprentas planchas para la impresión.

Presto se trasladó a una empresa más grande, para la cual el fundador adquirió la primera máquina de grabado con el crédito de una amiga. En 1961 contaba ya con 3 máquinas de grabado en Feuerbach y a partir de 1968 en Kallenberg primero con 10, más tarde con 20 máquinas.

Por supuesto, la plantilla también creció: De una empresa unipersonal se desarrolló una empresa con tres, diez, veinte, veinticinco empleados.

 

"Siempre me he aprovechado de la técnica, nunca de las personas" afirma Philipp, una máxima que sigue siendo válida. Por ello ha funcionado también el mantenimiento del secreto de los planos de todas las máquinas desarrolladas. ”Contratar a los mejores y tratarlos bien. De esta forma se crea una familia que se mantiene unida.”

Este equipo fabricó hasta entonces sobre todo herramientas para la estampación de monedas y planchas para la impresión. ”La construcción de máquinas resultó del espíritu inventor. Queríamos ser mejores que los demás, más fiables.”

En realidad, vender estas máquinas no estaba previsto. Pero no nos cerramos a la demanda y en 1966 se vendió la primera máquina con patente propia a grabadores.

 

A partir de ello, Philipp desarrolló a finales de los 60 su nueva idea: la impresión con tampón de silicona. Su visión consistía en imprimir cualquier forma en cualquier tipo de superficie. Tras dos años de desarrollo llegó el resultado: funciona. Los tampones de silicona permiten imprimir en cualquier forma de superficie. A continuación se trabajó en la velocidad, los tintas y la precisión. Tras 5 años de trabajo duro se alcanzó la madurez del procedimiento.

Philipp presentó en 1971 su primera máquina de impresión por tampón de silicona en el stand ferial de KrausMaffei. La resonancia fue espectacular. Philipp regreso con 30 pedidos en Dusseldorf.

El resto es historia. El procedimiento resultó todo un salto cuántico para la industria del plástico. Así, la empresa ”Wilfried Philipp Industriegravuranstalt” creció hasta convertirse en la actual ”TAMPOPRINT AG” en Korntal-Münchingen, Stuttgart, con filiales internacionales y su propio sector de construcción de máquinas ”ALFA TOOLS” en la Jura de Suabia.

 

Ello no relajó lo más mínimo ”los músculos innovadores” de Philipp. La utilización de técnicas láser, la impresión con sustancias funcionales (p.ej. nicotina en parches de nicotina), el desarrollo del sector de tapones para bebidas, pero también la nueva central de la empresa erigida en 1990 y finalmente la creación de la sociedad anónima.

El apretón de manos en la despedida no es menos intenso que el de la bienvenida. Sin ánimo de intimidación, sino de reivindicación. Uno se incorpora – y deja de preguntarse por qué todos y cada uno en esta empresa dan lo mejor de sí.